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viernes, 15 de marzo de 2013

Como empezó El Milano Real (I)


¿Sabéis porque tengo un hotel en la montaña? Pues como dueño del hotel os debo una explicación y esta explicación os la voy a dar.
Hace bastante tiempo en un día soleado con buena temperatura y una nieve en buenas condiciones para andar, salí para hacer un recorrido de poca dificultad, metí en la mochila un cordino* de 40m (muy importante por lo que luego se verá), los crampones, el piolet  y la  parafernalia restante, ropa, comida, agua, y otras cosa con lo cual al final la mochila pesaba un quintal. Pero bueno uno es joven y todas las dificultades son pocas. El recorrido consistía en subir a una punta rocosa con un desnivel de 700m. Para alcanzar la punta había que pasar por un collado que estaba al final de un corredor estrecho y algo siniestro, si la nieve estaba en buenas condiciones no tenía más dificultad que la inclinación de unos 45º o 50º, después del collado se trepaba unos 30m para llegar a la cumbre, la bajada se hace por el mismo sitio con la diferencia que para facilitarla se monta tres o cuatro rapeles* y evitas el destrepe de la roca y la nieve.
Los primeros 400m eran grandes palas de nieve con poca inclinación, por ser el final de temporada de primavera afloraban piedra pequeñas y grandes  que venían muy bien para sentarse un rato a descansar. Cuando llegue al principio del corredor me quite la mochila y saque el cordino y los crampones que hasta ahora no había necesitado, me puse a mirar el corredor y vi que había dos formas de subir, una por el centro por una huella muy marcada que terminaba en el collado, y otra por la rimaya*, me decidí por la huella del centro que me pareció casi una escalera, viendo que la huella era buena pensé que con el piolet era suficiente para subir y que los crampones no los necesitaría, así no llevaría  peso; deje todo en la roca donde estaba sentado y solamente me lleve el cordino sujeto a la espalda y dos mosquetones para rapelar.
Efectivamente la huella era una escalera, en el fin de semana debía haber subido mucha gente. El corredor está orientado al suroeste, por lo tanto ya llevaba un rato dándole el sol de plano y la nieve se estaba ablandando por momentos, la huella que antes se sujetaba bien ahora empezaba a deshacerse y se volvía inestable, cuando me quedaba un metro para llegar al collado y encontrarme con la seguridad de la roca; encima de mi cabeza apareció ¡¡una puta cabra!
El susto que me di hizo que me echase un poco hacia atrás, la nieve blanda hizo  el resto, me vi deslizando con la espalda en la pendiente, el cordino hizo de quilla (no te pongas nunca la cuerda en la espalda llévala pasada por el cuello)  y pase a toda velocidad por el  principio del corredor. Hacia la mitad intente utilizar el piolet para frenar, seguía bajando cada vez más deprisa, la roca gorda donde había dejado la mochila se acercaba a toda velocidad. Eso que cuenta la gente que en estas situaciones ves pasar toda  tu vida por la cabeza antes de estrellarte, es mentira, yo lo único que veía era el meño gordo que se acercaba, y solo se me ocurría decir ¡Hostia, Hostia, Hostia! ¡Que leche me voy a pegar!

En el último momento logré dar la vuelta y ponerme de cara a la pendiente, sentí un golpe debajo de la barbilla que me hizo echarme hacia atrás y dar una vuelta de campana,  y saltando la piedra gorda caí de pie medio sentado en la nieve blanda sangrando por el cuello como un gorrino degollado.Había dado con la barbilla en una piedra que sobresalía unos centímetros en la nieve, el golpe fue tan violento que me  catapulto dando la vuelta de campana. Sentado en la nieve y taponándome la herida me dije.
¡¡Me cago en la puta, tengo que hacer un hotel!! Podéis creerme o no, pero todavía podéis ver la cicatriz que tengo debajo de la barbilla.      Paco  Marzo 2013    Continuará...........
   
*Cordino: cuerda fina de 5 o 6 mm y 40 m de longitud
*Rapel: descenso a doble cuerda por zonas verticales
*Rimaya: espacio vacío que queda entre la nieve y la pared cuando esta por el calor se despega de la pared.


viernes, 10 de septiembre de 2010

Las Montañas de la vida

“No son las montañas que conquistamos sino a nosotros mismos” Sir Edmund Hillary
Durante las 2 semanas de una escapada a los Alpes italianos con un grupo de amigos donde ascendimos todos los días alguna cumbre, tuvimos tiempo de sobra para reflexionar sobre las montañas, las reales y las de la vida, y lo que significan.¿Cuándo es la última vez que alcanzamos una cima nuestra vida? Para algunos, parece que siempre estamos escalando alguna meta y creemos que la montaña (la de verdad) nos puede enseñar mucho:
Aligerar la mochila. Tener muchas cosas, mucho “bagaje” no necesariamente te ayudan en el camino. Los pensamientos positivos y los amigos son un peso mucho más ligero y te motivan a seguir subiendo
Un paso a la vez. Crees que no puedes andar 7 horas o subir 1000metros, pero lo haces concentrándote en cada paso.
No lo hagas solo. Ir solo en la montaña puede ser arriesgado. Compartir el viaje con otros magnifica la experiencia y te demuestra que puedes hacer cosas que solo, hubiera sido imposible. Aprenda también a seguir los consejos de los que conocer mejor el terreno; los guías minimizan el riesgo y lo hacen más placentero.
Aclimatarse. No alcanzarás ninguna cima si empiezas demasiado deprisa. Además hay que apreciar las maravillas que encuentras en el camino, no todo es conquistar la cima.
Mide tus energías. Creía que “llegaba” media docena de veces antes de llegar a la cima. Las cosas tardan más de lo que esperabas y no hay que desmotivarse, sino aprender a conservar energía y fuerzas – puedes necesitarlas cuando menos lo esperas.
Subir la cima es opcional, descender es mandatario. Las montañas estarán allí mañana, hay que saber cuando dar la vuelta y dejar las cimas para otro día. Los fracasos forman parte de la aventura, se puede aprender mucho de ellos.

Las montañas son como los retos en la vida; no podrás ascender a todas las cimas pero deberías aprender y sobre todo disfrutar de cada intento.